eran los primeros minutos del amanecer. simone pensó que si en las alturas no había nadie interesante, tendría que buscarlo en la tierra firme. ¿o ya no tenía quebuscar nada? se quedó en la cama desperezándose lentamente, con una pereza infinita, observando las partículas de polvo que se arremolinaban en un rayo de sol dentro de su cuarto a oscuras. y fue entonces cuando oyó el grito. alguien había gritado en el amanecer, en una casa cercana, tal vez en su propio inmueble, tal vez en su propio cuarto. fue lo más parecido a una catarsis para simone, porque le llegó la sensación de que en su despertar iba a existir un antes y un después de aquel grito. pronto vio que no sería así. el grito había pasado y todo seguía igual de gris y de monótono que antes. regresó a su tedio y llegó a una firme conclusión sin que previamente se hubiera dedicado a buscarla. a partir de aquel momento, se emfremtaría directamente a la verdad y soportaría el vacío y, por consiguiente, aceptaría la muerte. después de todo, pensó, la verdad se halla del lado de la muerte, siempre lo he dicho. volvió luego a las partículas de polvo, aquella especie de poesía de lo invisible. iré más allá de la pereza del infinito, se dijo. tal era su meta en la plenitud de su magnífico despertar de muerta. porque había despertado muerta, desperezándose suavemente ociosa, esplendorosa.
extraido de, EXPLORADOES DEL ABISMO
(libro de relatos cortos)
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1 comment:
Hola Marta, me ha encantado este texto, tomo nota!!!
tenemos un café pendiente...
un abrazo
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